Siento nostalgia del papel, del lápiz y de tí. En mi escritorio sólo alcanzo a coger un bolígrafo de tinta azul, si al menos fuera una pluma...

Abro el cuaderno en el que te escribí la primera carta (...ya ves que no te llegó...) y me dispongo a encajar palabras entre las cuadrículas de unas hojas que nunca estuvieron en blanco (al menos el renglón te llegará derecho).


Mezclo las redondences con un estilo picudo, acentuado con los años (todo se me acentuó con el tiempo, hasta tu ausencia). Todavía son legibles mis trazos, alguna vez pensé que quizá había olvidado la mecánica de la mano mientras escribo. Me tranquiliza comprobar que no es así, ¿cómo si no podría contarte lo que te quiero contar?.


Escribo sobre el papel para así elegir con cuidado cada palabra, no me gustan las tachaduras, y además no quiero tachar nada de lo que vivimos.(acaso tú si...)


Primero tendrás en tu mano un sobre y reconocerás mi letra cuando veas en él tu nombre, ¿querrás saber más?.

Cuando lo abras hazlo con delicadeza pues para cerrarla humedecí sus bordes con mis labios, para que besaran tus dedos.


Desdóblala mientras cruje suavemente el papel y desprende aromas de vainilla y naranjas recién exprimidas.

Dispón un tazón de café con leche cerca de ti, así mientras yo escribo y tú lees, lo compartiremos, y puede que en un descuido del tiempo, bebamos el mismo sorbo a la vez.


Tararea aquella cancioncilla del pájaro que quería volar libre, y mientras escribo lo que tú estas cantando, podré oír tu voz de tenor de cuentos.


Mantén ardiendo el velón de cera con aroma a jazmín, necesito su luz para escribirte que aún sigo girando, abrazada a tu cuello, mientras bailamos en el salón.


Esto no es Benedetti, pero cuento con que lo recites en voz alta, quiero oírte decir lo que te vine a contar.

No quedó un ensayo, no parí una novela, ni siquiera es un poema, y para que sea una carta de amor queda por escribir lo que aquel que abre un sobre, recoge una hoja, aspira su aroma, recibe besos invisibles en la punta de los dedos, baila con el aire y canta con los pájaros, espera, desea leer en una carta así.

Recuerdo castillos dorados y es entonces cuando te amo tanto.

M.


Sinceramente y siempre tuya.


P.D.: No te sorprenda que mientras tu aprendiste a caminar descalzo por la hierba yo continúe conjugando el verbo amar en presente pluscuamperfecto. Hay aprendizajes que no admiten olvidos